Durante la guerra fría los soviéticos siempre negaron querer ir a la Luna. Mentira cochina.
Cuando cayó la Unión Soviética salió a la luz el frustrado plan para conseguirlo. Entre otros motivos se canceló por la falta de fiabilidad del N1, cohete encargado de poner en órbita el "tren espacial" o cápsulas y módulos encargados de la travesía hacia la Luna, aterrizaje y vuelta.
La tecnología astronáutica aplicada hoy en día por los rusos ha evolucionado muy poco desde los días de Yuri Gagarin. Si algo funciona ¿por qué cambiarlo?. Y eso se dijeron con el N1, mastodonte de 105 metros (su equivalente americano Saturno V casi 111m).
Los americanos arriesgaron y basaron el sistema de propulsión en una nueva tecnología basada en oxígeno e hidrógeno líquidos, empleada por todo cohete moderno que se precie.
Los soviéticos siguieron con los mismo. Ya funcionaba en la Soyuz y pensarón que había que hacer lo mismo pero a lo bestia: un cluster 30 de motores en su base alimentados por queroseno y oxígeno líquido. Su talón de aquiles.
Solo probaron cuatro y todos terminaron con una bonita explosión. Se canceló el N1 y con él el programa lunar.
Se supone que luego intentaron enmendar la plana y aunque tarde llegar a la Luna con el cohete Energía, pero eso os lo cuento otro día.